El Diablo
El Diablo Así vivían: él se levantaba temprano, como siempre había hecho, y se ocupaba de la granja o de la fábrica donde se realizaban trabajos, o a veces iba a los campos. Alrededor de las diez volvía para tomar su café, que tomaban en la terraza: Mary Pavlovna, un tío que vivía con ellos y Liza. Después de una conversación que a menudo era muy animada mientras tomaban su café, se dispersaban hasta la hora de la comida. A las dos almorzaban y luego salían a caminar o a dar un paseo en coche. Por la noche, cuando él regresaba de la oficina, tomaban su té y a veces él leía en voz alta mientras ella trabajaba, o cuando había invitados, tenían música o conversación. Cuando él se iba por negocios, escribía a su esposa y recibía cartas de ella todos los días. A veces ella lo acompañaba, y entonces eran particularmente alegres. En el día de su santo y en el de ella se reunían invitados, y a él le complacía ver cómo ella lograba organizar las cosas de manera que a todos les gustara venir. Veía y escuchaba que todos la admiraban, la joven y agradable anfitriona, y la amaba aún más por esto.
