El Diablo
El Diablo "SÃ. Estoy agotado, tÃo, y he decidido confesarte y pedir tu ayuda". "SÃ, por supuesto, es algo malo en tu propia finca. La gente se enterará. Entiendo que Liza es débil y que es necesario protegerla, pero ¿por qué en tu propia finca?"
Nuevamente, Eugene trató de no escuchar lo que decÃa su tÃo y se apresuró a llegar al meollo del asunto.
"SÃ, sálvame de mà mismo. Eso es lo que te pido. Hoy fui detenido por casualidad. Pero mañana o la próxima vez nadie me detendrá. Y ella lo sabe ahora. No me dejes solo".
"SÃ, está bien", dijo su tÃo, "pero ¿realmente estás tan enamorado?"
"Oh, no es eso en absoluto. No es eso, es una especie de poder que me ha atrapado y me retiene. No sé qué hacer. Tal vez gane fuerza, y entonces..."
"Bueno, resulta como sugerÃ", dijo su tÃo. "Vámonos a Crimea".
"SÃ, sÃ, vámonos, y mientras tanto estarás conmigo y hablarás conmigo".