El Diablo
El Diablo Cuando entró en el salón, todo le pareció extraño e irreal. Esa mañana se había levantado vigoroso, decidido a dejarlo todo atrás, olvidarlo y no permitirse pensar en ello. Pero sin darse cuenta de cómo había ocurrido, durante toda la mañana no solo no se había interesado en el trabajo, sino que había tratado de evitarlo. Lo que antes le había animado y sido importante, ahora le parecía insignificante. Inconscientemente, intentó liberarse de los negocios. Le pareció que tenía que hacerlo para poder pensar y planear. Y se liberó y se quedó solo. Pero tan pronto como estuvo solo, comenzó a vagar por el jardín y el bosque. Y todos esos lugares estaban manchados en su recuerdo por recuerdos que lo atrapaban. Sentía que estaba caminando por el jardín y fingiendo que estaba pensando en algo, pero que en realidad no estaba pensando en nada, sino esperando insana e irracionalmente por ella; esperando que por algún milagro ella supiera que él la estaba esperando y viniera de inmediato y fuera a algún lugar donde nadie los viera, o viniera por la noche cuando no hubiera luna y nadie, ni siquiera ella misma, viera. En una noche así vendría y él tocaría su cuerpo...