El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Esto ocurrió en los inicios del cristianismo y se fue intensificando a medida que pasaba el tiempo hasta llegar, como era lógico, a los dogmas de hoy en día acerca de la transustanciación y de la infalibilidad de papas, obispos y de las Escrituras; es decir, se ha llegado a una fe absolutamente incomprensible, llevada hasta tal absurdo que exige creer a ciegas no en Dios, ni en Cristo, ni incluso en la doctrina, sino en cierto individuo (como ocurre en el catolicismo), en varios individuos (como ocurre en la ortodoxia), o en un libro (como ocurre en el protestantismo). Cuanto más se difundía el cristianismo y más atraía a hombres no preparados, menos comprendían éstos su sentido, con más fuerza afirmaban que su interpretación de la doctrina era infalible y más difícil se hacía que comprendieran su auténtico sentido. Ya en tiempos de Constantino todo este sentido se había reducido a un compendio ratificado por los poderes laicos, un compendio de las discusiones acaecidas en torno al Concilio[11]; un dogma de fe en el que se establecía: «se debe creer en esto, en eso y en aquello otro, y por encima de todo en una Iglesia única, santa y apostólica»; es decir, se debía creer que las personas que se hacían llamar «Iglesia» eran del todo incuestionables, con lo que el sentido del cristianismo se redujo a que no debíamos creer en Dios, ni en Cristo —tal y como nos fue anunciado—, sino únicamente en la Iglesia y en lo que ésta nos ordenaba que creyéramos.