El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Comenzaré por el principio de todo: el nacimiento de un niño. Cuando un niño nace, la Iglesia enseña que hay que leer una oración para purificarlo a él y a la madre, pues sin esta oración la madre que acaba de dar a luz es infame[20]. Con este fin, ante imágenes de santos a los que el pueblo llama directamente dioses, el pope coge en sus brazos al recién nacido y lee un conjuro con el que purifica a la madre. Después se inculca a los padres, e incluso se les exige mediante amenazas de castigo en caso de incumplimiento, que el niño sea bautizado sin falta, es decir, que sea mojado tres veces en agua por el pope mientras éste lee unas palabras que nadie comprende, y se realizan unos rituales aún menos comprensibles: le untan con aceite varias partes del cuerpo, le cortan un mechón de pelo, y los padrinos soplan y escupen a un diablo imaginario. En teorÃa, todo esto purifica al recién nacido y lo convierte en cristiano. Después se inculca a los padres que el niño debe comulgar, es decir, debe comer una parte del cuerpo de Cristo en forma de pan y vino porque de este modo obtendrá su bendición, etcétera. Después se les inculca que a medida que el niño vaya creciendo deben enseñarle a rezar. Rezar significa colocarse justo enfrente de unas tablas en las que están dibujadas las caras de Cristo, la Virgen y los Santos, inclinar la cabeza y todo el cuerpo, y con la mano derecha y los dedos colocados de cierta manera tocarse la frente, los hombros y la barriga, y pronunciar unas palabras en eslavo antiguo; las más utilizadas por todos los niños suelen ser: «Madre de Dios, Virgen…,» etcétera. Después se le inculca al niño que al ver una Iglesia o un icono debe hacer lo mismo, es decir, santiguarse; después se le inculca que durante las festividades (el dÃa en que nació Cristo —aunque nadie sabe cuándo fue— el dÃa que fue circuncidado, el que murió la Madre de Dios, el que fue portada la cruz, el que fue introducido el icono, el que un iluminado tuvo una visión, etcétera) hay que vestir con la mejor ropa, ir a la iglesia y allà comprar y colocar cirios ante las imágenes de los santos, entregar un papelito con el nombre de los seres queridos y de los difuntos, cortar un trozo de un panecillo en forma de triángulo, seguidamente rezar muchas veces por la salud y prosperidad del zar, de los jerarcas de la Iglesia ortodoxa, por la propia y por los asuntos personales, y finalmente besar la cruz y la mano de un pope.