El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Se plantea, pues, esta disyuntiva: o el Sermón de la Montaña o el Credo Niceno[22], pero no se puede creer en lo uno y en lo otro al mismo tiempo. El clero ha elegido la segunda opción, y el Credo es enseñado y leído en las iglesias como una oración, mientras que el Sermón de la Montaña es excluido incluso de las lecturas de los Evangelios, de modo que los feligreses nunca lo escuchan en la iglesia, exceptuando aquellos días en los que se lee el Evangelio entero. Y no podría ser de otro modo: las personas que creen en un Dios malvado e irreflexivo, que ha maldecido al género humano y ha condenado a su hijo al sacrificio y a una parte de los hombres al martirio eterno, no pueden creer en un Dios del amor. Una persona que cree en un Dios y en un Cristo que vendrá a juzgar y castigar a vivos y a muertos, no puede creer en un Cristo que nos ordena poner la otra mejilla ante los ofensores, y que nos ordena no juzgar, perdonar y amar a nuestros enemigos. Una persona que cree en la inspiración divina del Antiguo Testamento y en la santidad de David —que en su lecho de muerte ordenó el asesinato de un anciano que le había ofendido y al que él mismo no había podido matar porque se lo impedía un juramento (Primer Libro de los Reyes, capítulo 2, versículo 8)— y en vilezas como ésta, de las que el Antiguo Testamento está lleno, no puede creer en la ley moral de Cristo; una persona que cree en la doctrina y las prédicas de la Iglesia acerca de que cristianismo, ejecuciones y guerras son compatibles, no puede creer en la fraternidad de los hombres.