El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Si a un hombre que tiene una concepción social de la vida le parecen extrañas e incluso peligrosas las exigencias de la doctrina cristiana, igual de extrañas, incomprensibles y peligrosas le debían parecer al hombre salvaje en tiempos pasados las exigencias de la doctrina social, cuando todavía no las comprendía enteramente y no podía prever sus consecuencias.
«No es sensato —decía el hombre salvaje— sacrificar mi tranquilidad o mi propia vida para defender algo incomprensible, intangible y convenido como la familia, el clan o la patria y, sobre todo, es peligroso ponerme a disposición del poder de otros hombres». Pero llegó un tiempo para el hombre salvaje en el que, por un lado, comprendió aunque fuera vagamente el sentido de la vida en sociedad y de su motor principal (el de la aprobación o la condena social: la reputación); y, por otro lado, cuando sus sufrimientos fueron tan grandes que no pudo seguir creyendo en su anterior concepción de la vida, y acabó aceptando y sometiéndose a la doctrina social y estatal.
Esto mismo es lo que les está ocurriendo hoy en día a los hombres que ya poseen una concepción social y estatal de la vida.