El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Qué hombres más extraños: se reúnen en congresos y pronuncian discursos acerca de cómo cazar un pájaro poniéndole sal sobre la cola, aunque saben que esto es imposible. También son sorprendentes los hombres que, como Maupassant, Rod y muchos otros, perciben todo el horror de la guerra, toda la contradicción que se desprende del hecho que la gente no hace lo que es necesario y útil, y que además lamentan la tragedia de la vida; no comprenden que toda esta tragedia acabará en cuanto las personas dejen de reflexionar sobre lo que no es necesario reflexionar, y dejen de hacer lo que les resulta doloroso, desagradable y repugnante. Estos hombres son sorprendentes, pero aquellos que como Vogué y otros, profesando la ley de la evolución, consideran que la guerra no sólo es inevitable, sino útil y por consiguiente deseable, son ya temibles y espantosos por su corrupción moral. Aquéllos al menos dicen que odian el mal y aman el bien, pero éstos reconocen abiertamente que no existe el mal ni el bien: para ellos, todo el parloteo acerca de la posibilidad de establecer la paz en lugar de la guerra no es más que un pernicioso sentimentalismo de unos cuantos charlatanes. Existe la ley de la evolución conforme a la cual resulta que debo vivir y actuar mal. ¿Qué le vamos a hacer? Soy un hombre cultivado, y conozco la ley de la evolución, y por ello mi modo de actuar va a ser malo: «Entrons au palais de la guerre» (adentrémonos en el palacio de la guerra). Está la ley de la evolución, y por ello no existe ni el bien, ni el mal, y hay que vivir únicamente para la vida personal, dejando a la ley de la evolución que haga el resto. Ésta es la última expresión de la educación refinada y del oscurecimiento de la conciencia propios de las clases instruidas de nuestro tiempo.