El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Para convencerse de que todo hombre que sirve en el ejército se convierte en cómplice de aquellos asuntos del Estado que él mismo no reconoce ni puede reconocer, hay que recordar las cosas que se hacen en cualquier Estado en nombre del orden y el bien común, y cuyo ejecutor es siempre el ejército. Toda guerra civil causada por conflictos dinásticos o por intereses partidistas, todas las ejecuciones que estas discordias comportan, toda sofocación de insurrecciones, todo uso de la fuerza militar para dispersar a la muchedumbre, toda represión de huelgas, toda exacción de impuestos, toda injusticia en el reparto de la tierra, toda coacción para trabajar: todo esto es ejecutado si no directamente por los ejércitos, sí por la policía con el respaldo de éstos. Aquel que sirve en el ejército se convierte en partícipe de todos estos asuntos, asuntos que en algunos casos son dudosos para él y en muchos otros son totalmente contrarios a sus principios. La gente no quiere abandonar la tierra que ha labrado durante generaciones, ni tampoco quiere dispersarse, tal y como le exige el Estado; la gente no quiere pagar los tributos que se le impone, ni reconocer la obligatoriedad de unas leyes que no ha elaborado, ni tampoco que se le prive de su nacionalidad; y yo, cumpliendo con la obligación de servir en el ejército, tengo que ir y golpear a esta gente. Al ser partícipe de estos hechos no puedo dejar de preguntarme: ¿Es correcto lo que estoy haciendo? ¿Debo contribuir a que se produzca todo esto?