El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros ¿Pero quién es exactamente esta gente malvada que hay entre nosotros y de cuya violencia y ataques nos protegen el Estado y su ejército? Si hace tres o cuatro siglos la gente se enorgullecía de su arte militar y su armamento, y matar era considerado un acto heroico, hoy en día nadie es así, nadie utiliza armas ni las lleva encima, y todo el mundo, al profesar el humanitarismo y la compasión hacia el semejante, desea lo mismo que todos nosotros: una vida tranquila y pacífica. Así que en la actualidad no hay tales agresores de los que el Estado nos pueda defender. Pero si por estos agresores de los que nos protege el Estado debemos entender aquellas personas que cometen algún delito, sabemos que no se trata de individuos especiales —como fieras en un rebaño de ovejas—, sino de personas iguales que nosotros a las que les disgusta tanto delinquir como a aquellos contra quienes han cometido algún crimen. Ahora sabemos que ni las amenazas ni los castigos pueden hacer disminuir el número de estos individuos, ya que sólo son efectivos los cambios que se realicen en el medio social y la influencia moral que se ejerce sobre los hombres. Así que la explicación de la necesidad de la violencia estatal para proteger a la gente de los agresores, si tenía fundamento hace tres o cuatro siglos, ahora ya no tiene ninguno. Hoy por hoy podemos afirmar más bien lo contrario: que justamente la labor de los gobiernos con sus crueles métodos de castigo —que se han quedado atrasados respecto al nivel moral general de nuestro tiempo—, como son las cárceles, los trabajos forzados, las horcas o las guillotinas, contribuye más al embrutecimiento del pueblo que a su suavización, y por consiguiente contribuye más al aumento que a la disminución del número de agresores.