El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros Incluso sin hablar del pecado que constituye el engaño de presentar ante los hombres el crimen más pérfido como un deber de todos; incluso sin hablar del terrible pecado de utilizar el nombre y la autoridad de Cristo para legitimar lo que éste más intensamente rechazó, como se hace con los juramentos militares; incluso sin hablar de la tentación mediante la que se destruye no sólo el cuerpo «de los más pequeños» sino también su alma; incluso sin hablar de todo esto, ¿cómo pueden las personas, incluso desde el punto de vista de su seguridad personal, permitir que se constituya entre ellos —gente que aprecia su forma de vida, el progreso— esta terrible, absurda, despiadada y destructora fuerza que representa cualquier gobierno organizado que se apoya en el ejército? Ni la banda de malhechores más despiadada y aterradora es tan terrible como una organización estatal así. El poder de cualquier jefe de una banda está limitado por el hecho de que los hombres que la forman conservan un mínimo de libertad que les permite oponerse a realizar actos contrarios a su conciencia. Pero en el caso de las personas que forman parte de un gobierno bien organizado, que cuenta con un ejército cuya disciplina ha sido llevada hasta los límites actuales, no existe ningún tipo de obstáculo. No hay ningún crimen, por más espantoso que sea, que no puedan cometer aquellos que forman parte de un gobierno y de un ejército a voluntad de quien se halle casualmente en el poder (Boulanger, Pugachov, Napoleón).