El reino de Dios esta en vosotros
El reino de Dios esta en vosotros —No digas disparates y ponte en posición para ser examinado. Doctor, haga el favor de medirlo. ¿Es apto?
—SÃ, es apto.
—Reverendo padre, proceda con el juramento militar.
Nadie se altera ante esta escena, ni presta ninguna atención a lo que este muchacho asustado y lastimoso barbotea. «Siempre barbotean algo, pero no tenemos tiempo que perder, aún quedan muchos por reclutar,» se dicen los funcionarios.
El recluta quiere decir algo.
—Esto va en contra de la ley de Cristo.
—Vamos, andando, que no le necesitamos a usted para saber qué va a favor o en contra de la ley. Y usted, reverendo, hágaselo comprender. Que pase el siguiente: Vasili Nikitin.
Entonces se llevan al muchacho, que no deja de temblar. ¿Y van siquiera a pensar los guardas, Vasili Nikitin —al que acaban de hacer pasar—, o aquellos que han presenciado esta escena, que las breves y confusas palabras de ese muchacho, reprimidas de inmediato por los funcionarios, contienen la verdadera esencia de Cristo y, en cambio, los discursos solemnes y altisonantes de estos funcionarios y de este sacerdote, tan desenvueltos y seguros de sà mismos, no constituyen más que una mentira y un engaño?