Guerra y Paz
Guerra y Paz En la vorágine de aquellas ocupaciones y diversiones, al cabo de un año empezó a notar, sin embargo, que el terreno de la masonería empezaba a hundirse bajo sus pies, por más que intentara mantenerse en él. Al mismo tiempo sentía que cuanto más se hundía ese terreno, más ligado se veía a todo aquello, aunque involuntariamente. Al ingresar en la masonería había tenido la sensación del hombre que pone confiadamente el pie en la superficie llana de un terreno cenagoso. Una vez puesto el pie, comenzaba a hundirse. Para convencerse bien de su solidez, ponía el otro pie y se hundía más aún; ahora, lo quisiera o no, tenía que andar con el fango hasta las rodillas.