Guerra y Paz
Guerra y Paz Todo terminó cuando el conde, sintiéndose magnánimo y deseando no oÃr nuevas peticiones, dijo que darÃa una orden de pago por valor de ochenta mil rublos. Berg sonrió afablemente y besó el hombro del conde, diciendo que estaba muy reconocido, pero que no podÃa comenzar una nueva vida sin recibir al contado treinta mil rublos.
—Al menos veinte mil, conde— añadió, —y la orden por sesenta mil solamente.
—Está bien, está bien— concluyó con rapidez el conde. —Pero, perdóname, querido, te daré los veinte mil al contado y una orden por ochenta mil. Asà es, y ahora dame un beso.