Guerra y Paz
Guerra y Paz El príncipe Vasili se volvió a ella.
—¿Cómo sigue?
—Igual. Y cómo quiere, con ese ruido…— dijo la princesa, mirando a Anna Mijáilovna como a una desconocida.
—Ah, chère, je ne vous reconnaisais pas!— irrumpió con una feliz sonrisa Anna Mijáilovna, acercándose con ligeros pasos a la sobrina del conde. —Je viens d'arriver et je suis à vous pour vous aider à soigner “mon oncle”… J’imagine combien vous avez souffert— añadió, levantando al cielo sus ojos llenos de compasión.[82]
La princesa no contestó, ni sonrió siquiera, retirándose acto seguido. Anna Mijáilovna se quitó los guantes y con gesto de vencedora tomó asiento en un sillón e invitó al príncipe Vasili a sentarse junto a ella.
—Borís— dijo con una sonrisa a su hijo, —yo pasaré a ver al conde, mi tío, y tú, mon ami, vete entretanto con Pierre y no te olvides de la invitación de los Rostov. Lo invitan a comer. Supongo que no irá— dijo al príncipe.
—Todo lo contrario— replicó el príncipe, que estaba visiblemente malhumorado. —Je serais très content si vous me débarrassez de ce jeune homme…[83] No hace nada aquí. El conde no ha preguntado por él ni una sola vez.