Guerra y Paz
Guerra y Paz El viejo conde volvió a casa. Natasha y Petia prometieron no tardar; pero, como era temprano aún, la caza prosiguió. Hacia media tarde, los perros fueron llevados a un barranco cubierto de árboles jóvenes. Nikolái, desde un sembrado, veía a todos sus cazadores.
Enfrente de Nikolái se extendía el verde centeno de otoño y estaba allí un cazador suyo, solo en una hoya tras el ramaje de un avellano. Acababan de soltar los perros y Nikolái reconoció el ladrido peculiar de Voltom, uno de los suyos; otros tan pronto ladraban como callaban y volvían a ladrar. Poco después, en el barranco, se anunció la aparición de un zorro y toda la jauría se lanzó revuelta a los sembrados, apartándose de Rostov.
Nikolái veía a los picadores con gorros rojos por el borde del barranco; veía también a los perros, y a cada momento esperaba que apareciese el zorro en el lado opuesto.