Guerra y Paz
Guerra y Paz —¿Andréi echado? ¿Enfermo?— preguntó Natasha mirando a Sonia con ojos de susto.
—¡Oh, no, no! Todo lo contrario; tenÃa la cara alegre y se volvió hacia mÃ.
Y mientras hablaba, acabó por creer que lo habÃa visto de verdad.
—Bueno, ¿y después? Cuenta, Sonia.
—Después no he visto bien, habÃa algo azul y rojo…
—¡Sonia! ¿Cuándo volverá? ¿Cuándo lo veré? ¡Dios mÃo, qué miedo tengo por él, por mà y por todo!…— dijo Natasha. Y sin responder a las palabras de Sonia, que trataba de consolarla, se echó en su cama; mucho después de que las velas fueron apagadas, permanecÃa inmóvil en la cama, con los ojos abiertos, mirando la gélida luz lunar a través de los cristales helados.