Guerra y Paz
Guerra y Paz Un día, en Moscú, en presencia de la princesa María (a quien le pareció que lo hacía a propósito), el viejo príncipe besó la mano de mademoiselle Bourienne y, atrayéndola hacia sí, la abrazó y acarició. La princesa María, ruborizada, salió corriendo de la sala. Unos minutos después, la francesa entraba en la habitación de la princesa María y empezó a contar algo con su voz agradable, su sonrisa y alegría de siempre. La princesa María, enjugándose rápidamente las lágrimas, avanzó con paso resuelto hacia mademoiselle Bourienne y, sin darse cuenta de lo que hacía, con el ímpetu de la cólera y la voz muy alterada, gritó a la francesa:
—Es bajo, innoble e inhumano aprovecharse de la debilidad…— pero no terminó. —¡Salga de mi habitación!— gritó, y rompió en sollozos.
Al día siguiente el príncipe no dijo nada a su hija, pero ésta notó que, en el almuerzo, había ordenado que sirvieran a mademoiselle Bourienne la primera. Al terminar la comida, cuando el mayordomo, según la costumbre de antes, se dispuso a servir el café empezando por la princesa, el príncipe se encolerizó, tiró con rabia su bastón contra Filip y ordenó que lo alistaran como soldado.