Guerra y Paz
Guerra y Paz Como justamente había dicho Shinshin, desde su llegada a Moscú Anatole Kuraguin traía locas a todas las damas, precisamente porque las desdeñaba y prefería acompañarse de zíngaros y actrices francesas, con la principal de las cuales, mademoiselle Georges, estaba, según se decía, en relaciones muy íntimas. No faltaba a una sola juerga en casa de Danílov y otros amigotes moscovitas. Bebía durante noches enteras, dejando atrás a todos, y frecuentaba las veladas y bailes de alta sociedad. Se le atribuían ciertas aventuras con varias damas de Moscú; en los bailes hacía la corte a algunas de ellas. Pero no se acercaba a las señoritas, y mucho menos a las ricas herederas, que por lo común eran bastante feas; además, hacía dos años que estaba casado, cosa ignorada por todos, salvo los amigos más íntimos. Dos años antes, estando su regimiento en Polonia, cierto terrateniente polaco, no muy rico, lo había obligado a casarse con su hija.
Anatole abandonó en seguida a su mujer y, gracias al dinero que prometiera enviar a su suegro, se reservó el derecho de hacerse pasar por soltero.