Guerra y Paz
Guerra y Paz Se mostraba siempre contento de su situación, de sà mismo y de los demás. Instintivamente, con todo su ser, estaba convencido de que no se podÃa vivir de manera diferente de como él vivÃa, y de que nunca en su vida habÃa hecho algo malo. Era incapaz de pensar en lo que otros pudieran decir de sus actos ni en las consecuencias que esos actos pudieran acarrear a los demás. Estaba convencido de que asà como el pato, por su naturaleza, tiene que vivir en el agua, él habÃa sido creado por Dios de tal manera que necesitaba treinta mil rublos cada año y la más brillante posición en la sociedad. Y estaba tan persuadido de ello que los demás, viéndolo, se convencÃan de que asà era y no le negaban ni el derecho al puesto preeminente ni el dinero, que pedÃa prestado a diestro y siniestro, sin pensar, desde luego, en restituirlo. No era jugador; es decir, por lo menos no perseguÃa la ganancia; no era vanidoso ni le preocupaba mÃnimamente lo que de él pensaran; aún menos podÃa tachárselo de ambicioso.