Guerra y Paz
Guerra y Paz Al dÃa siguiente de haber ido al teatro, los Rostov no salieron de casa, ni nadie vino a visitarlos. A escondidas de Natasha, MarÃa DmÃtrievna habló con el conde. Natasha adivinó que hablaban del viejo prÃncipe Bolkonski y que tramaban algo; eso la inquietó y ofendió a la vez. A cada momento esperaba al prÃncipe Andréi, y, por dos veces en aquel dÃa, envió al portero a VozendvÃzhenka para informarse. Pero no habÃa llegado y ella se sentÃa peor que durante los primeros dÃas de su regreso a Moscú. A esta impaciencia y tristeza se añadÃa el desagradable recuerdo de la entrevista con la princesa MarÃa y el viejo prÃncipe, y miedo y también desasosiego cuya causa no se explicaba. Le parecÃa que Andréi no iba a volver más o que antes de su regreso a ella le iba a ocurrir algo. Ya no podÃa como antes pensar en él tranquilamente, a solas, durante largos ratos; al momento acudÃa a su memoria el recuerdo del viejo prÃncipe, de la princesa, del teatro y de Kuraguin. De nuevo se preguntaba si no era culpable, si no habÃa faltado a su fidelidad al prÃncipe Andréi; analizaba detalladamente cada palabra, cada gesto, cada matiz de lo dicho por aquel hombre que habÃa despertado en ella un sentimiento incomprensible y turbador. Ante sus familiares Natasha parecÃa más animada que de costumbre, pero en su interior estaba muy lejos de la serena felicidad de antes.
