Guerra y Paz
Guerra y Paz En el rostro de Natasha persistía una sonrisa de placer. Se sentía feliz y orgullosa al oír las alabanzas de aquella simpática condesa Bezújov, que hasta ahora le había parecido una dama inaccesible e importante y que ahora se mostraba tan gentil con ella. Natasha se puso alegre, sintiéndose casi enamorada de aquella mujer tan hermosa y tan buena. Por otra parte, Elena admiraba de veras a Natasha y deseaba divertirla. Anatole le había rogado que le preparara un encuentro con Natasha y ése era el motivo de su visita a los Rostov. La idea de acercar a su hermano y a Natasha la divertía como un juego.
A pesar de que en San Petersburgo había sentido enfado hacia Natasha por haber apartado a Borís de su lado, ahora no pensaba siquiera en ello y, con toda su alma, a su modo, deseaba el bien de Natasha. Al salir de la casa llamó aparte a su protegée.
—Ayer comió en casa mi hermano; nos moríamos de risa viéndolo: no come nada y no hace otra cosa que suspirar por usted, ma chère. Il est fou, mais amoureux fou de vous.[328]
Natasha enrojeció intensamente al oír esas palabras.