Guerra y Paz
Guerra y Paz Llegó la mañana con sus preocupaciones y quehaceres. Todos se levantaron, empezaron sus faenas y sus charlas. De nuevo acudieron las modistas. MarÃa DmÃtrievna salió y llamaron para el té. Natasha, con los ojos muy abiertos, como si quisiera captar cualquier mirada fija en ella, observaba inquieta a los demás y trataba de aparecer con la naturalidad de siempre.
Después del desayuno MarÃa DmÃtrievna (era aquél su mejor momento) se acomodó en su butaca y llamó a Natasha y al viejo conde.
—Bueno, amigos mÃos; he reflexionado sobre todo este asunto y os voy a dar mi consejo— comenzó. —Ayer, como sabéis, estuve con el prÃncipe Nikolái y hablé con él… Se puso a gritar, pero a mà no me arredran los gritos. ¡Le dije todo lo que habÃa que decirle!
—¿Y él qué?— preguntó el conde.
—¿Él? No quiere saber nada. Pero a qué hablar. Ya hemos atormentado bastante a esta pobrecilla. Mi consejo es que resolváis vuestros asuntos y os volváis a Otrádnoie… para esperar allà los acontecimientos…
—¡Oh, no!— exclamó Natasha.
—SÃ, hay que marcharse y esperar allÃ. Si el novio llega ahora, los disgustos son seguros. Que él se las entienda a solas con el viejo; luego podrá ir a vuestra casa.
