Guerra y Paz
Guerra y Paz Ante ese temor de Natasha, Sonia lloró de vergüenza y compasión por su amiga.
—Pero, ¿qué hubo entre vosotros?— preguntó. —¿Qué te ha dicho? ¿Por qué no viene a casa?
Natasha no contestó.
—En nombre de Dios, Sonia, no se lo digas a nadie, no me hagas sufrir— le rogó. —Comprende que nadie puede intervenir en estos asuntos. Te lo he contado…
—¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué no viene a casa?— preguntaba Sonia. —¿Por qué no pide tu mano? El prÃncipe Andréi te dejó en completa libertad, asà que… Pero yo no creo a ese hombre, Natasha. ¿Has pensado qué pueden significar esas causas secretas?
Natasha miró a Sonia con sorpresa. Era evidente que esa pregunta surgÃa ante ella por primera vez y no sabÃa qué contestar.
—No sé qué causas habrá, pero debe de haber alguna.
Sonia suspiró y movió la cabeza con desconfianza.
—Si hubiera motivos…— comenzó.
Pero Natasha, adivinando sus dudas, la interrumpió asustada.
—Sonia, no puedo dudar de él. ¡No puedo, no puedo! ¿Lo comprendes?— gritó.
—¿Te ama?