Guerra y Paz
Guerra y Paz Aquella misma tarde Pierre fue a visitar a los Rostov para cumplir el encargo del príncipe Andréi. Natasha seguía en cama y el conde se había ido al Club. Pierre entregó las cartas a Sonia y pasó a la habitación de María Dmítrievna, que deseaba saber cómo había recibido el príncipe Andréi la noticia. Diez minutos después Sonia entraba en la habitación de María Dmítrievna.
—Natasha se empeña en ver al conde Piotr Kirílovich— dijo.
—Pero ¿cómo va a ir a su habitación? Allí todo está en desorden— dijo María Dmítrievna.
—Natasha se ha vestido y está en el salón— explicó Sonia.
María Dmítrievna se encogió de hombros.
—¿Cuándo va a llegar la condesa? Estoy que no puedo más. Ten cuidado de no decírselo todo— dijo a Pierre. —Da tanta lástima verla, tanta lástima que ni yo misma me siento con ánimos para reprenderla.
Natasha, pálida y delgada, con expresión seria (y no avergonzada, como esperaba Pierre), se hallaba de pie en medio del salón. Al aparecer Pierre vaciló un poco, dudando si debía acercarse a él o esperar.
