Guerra y Paz
Guerra y Paz No habían entregado aún esa carta al Emperador cuando Barclay, durante la comida, dijo a Bolkonski que el Soberano deseaba verlo para informarse sobre Turquía y que debía presentarse, a las seis de la tarde, en casa de Bennigsen.
Aquel mismo día llegaba al Cuartel General del Emperador la noticia de un movimiento de tropas napoleónicas que podía ser peligroso para el ejército ruso; más tarde se supo que la noticia era inexacta. Durante la mañana, el Emperador había recorrido con el coronel Michaux las fortificaciones del Drissa; el coronel afirmaba que el campamento fortificado construido por Pfull y considerado hasta aquel momento una chef-d’oeuvre de la táctica, destinado a ser la ruina de Napoleón, era algo absurdo y significaba la perdición del ejército ruso.
El príncipe Andréi se dirigió al alojamiento de Bennigsen, que ocupaba una pequeña casa señorial situada en la misma orilla del río. Ni Bennigsen ni el Emperador se encontraban allí. Pero Chernyshev, edecán del Emperador, recibió a Bolkonski y le comunicó que el Soberano había salido con el general Bennigsen y el marqués Paolucci para recorrer, por segunda vez aquel día, las fortificaciones del campamento de Drissa, sobre cuya solidez empezaban a tener serias dudas.
