Guerra y Paz
Guerra y Paz Rostov, gracias a su buena vista de cazador, fue el primero en darse cuenta de que aquellos dragones franceses perseguÃan a los ulanos rusos, cuyas filas se habÃan roto. PodÃa verse ya cómo aquellos hombres, que parecÃan pequeños al pie de la colina, se atacaban, luchaban cuerpo a cuerpo, agitando los brazos y los sables.
Rostov miraba lo que estaba sucediendo como si se tratara de una cacerÃa. Comprendió de inmediato que si lanzaba a sus húsares contra los dragones franceses, éstos no podrÃan resistir; pero tenÃa que hacerlo inmediatamente, pues en caso contrario serÃa tarde. Miró en derredor. El capitán de caballerÃa que estaba cerca de él tampoco quitaba los ojos de lo que ocurrÃa al pie de la colina.
—Andréi Sevastiánich— dijo Rostov, —podrÃamos arrollarlos…
—¡SerÃa un buen golpe! En efecto…
