Guerra y Paz

Guerra y Paz

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En los últimos tiempos, tras el regreso del Zar al abandonar el ejército, hubo ciertas muestras de agitación en esos opuestos salones y tuvieron lugar diversas manifestaciones de hostilidad; sin embargo, las tendencias siguieron inmutables. En el círculo de Anna Pávlovna sólo eran recibidos, entre los franceses, los más empedernidos legitimistas; se exponía la patriótica idea de que no debía frecuentarse el Teatro Francés y que el mantenimiento de los artistas resultaba tan costoso como el de todo un cuerpo de ejército. Seguían con avidez las noticias militares y se aireaban los rumores más ventajosos para el ejército ruso. En los salones de Elena, de orientación francesa, se desmentían las versiones acerca de la crueldad del enemigo y se discutían todas las tentativas de Napoleón para llegar a la paz. En ese círculo se censuraba a quienes preparaban precipitadamente el traslado de la Corte a Kazán, así como el de las instituciones de educación femeninas, patrocinadas por la madre del Zar. En el salón de Elena, el de Rumiántsev, el francés, la guerra se presentaba en general como una sucesión de manifestaciones estériles que debían concluir con la paz; la opinión dominante era la de Bilibin, que por entonces vivía en San Petersburgo y era asiduo de la condesa Bezújov, ya que todo hombre inteligente debía frecuentar aquella casa. Bilibin sostenía que no era la pólvora sino quienes la habían inventado los que decidían las guerras. En ese círculo eran frecuentes las burlas —ingeniosas y muy prudentes a la vez— sobre el entusiasmo patriótico de Moscú, cuya noticia había llegado a San Petersburgo al mismo tiempo que el regreso del Zar.


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