Guerra y Paz
Guerra y Paz El sol se pon铆a en la otra parte de la casa y con sus oblicuos rayos vespertinos iluminaba, a trav茅s de las ventanas abiertas, toda la habitaci贸n y la parte del coj铆n que contemplaba la princesa Mar铆a. De pronto dej贸 de pensar. Se levant贸 inconscientemente, se alis贸 el cabello y se acerc贸 a una ventana, respirando la frescura de la tarde di谩fana pero ventosa.
鈥淪铆, ahora te es m谩s f谩cil admirar el crep煤sculo. 脡l ya no existe y nadie puede imped铆rtelo鈥, se dijo. Se dej贸 caer en una silla y apoy贸 la cabeza en el antepecho de la ventana.
Alguien, con voz tierna y dulce, la llam贸 desde el jard铆n y se acerc贸 a besar su cabeza. La princesa alz贸 la cabeza. Era mademoiselle Bourienne, vestida de negro con un traje adornado de encajes. Abraz贸 a la princesa y estall贸 en sollozos. La princesa Mar铆a se la qued贸 mirando y de pronto se agolparon en su mente todos los sinsabores y celos experimentados en otro tiempo. Se acord贸 de que su padre, en los 煤ltimos meses, hab铆a cambiado de conducta con respecto a la francesa, no la llamaba para nada. 隆Cu谩n injustos hab铆an sido, pues, los reproches que le hab铆a hecho en el fondo de su coraz贸n! 鈥溌縋uedo juzgar a nadie, yo, yo que he deseado su muerte?鈥, pens贸.