Guerra y Paz
Guerra y Paz —Pero ¿por qué no lo habÃas dicho, Drónushka? ¿No podemos ayudarlos? Haré todo lo que pueda…
A la princesa le parecÃa extraño que en esos momentos, en que ella sufrÃa tan gran dolor, existieran ricos y pobres, y que los ricos pudieran no ayudar a los necesitados. HabÃa oÃdo decir y sabÃa vagamente que habÃa el llamado grano de los señores y que solÃan dárselo a los campesinos necesitados; sabÃa también que ni su padre ni su hermano habrÃan negado su ayuda a los campesinos; su único temor era equivocarse en la distribución de trigo que ella querÃa entregar. Se sentÃa contenta de tener alguna preocupación por la que pudiera olvidar, sin avergonzarse de ello, el propio dolor. Pidió a Dron detalles sobre las necesidades de los mujiks y sobre lo que en Boguchárovo pertenecÃa a los señores.
—Hay grano nuestro, de mi hermano, ¿verdad?
—El grano de los señores está intacto— respondió Dron, orgulloso. —Nuestro prÃncipe no habÃa dado orden de venderlo.
—Entrégalo a los campesinos; dales todo lo que necesiten. Lo autorizo en nombre de mi hermano.
Dron no respondió y suspiró profundamente.
—Repártelo todo, si tienen bastante con eso. Dalo todo. Te lo ordeno en nombre de mi hermano, y diles que todo lo nuestro es suyo. Nada regatearemos para ellos. DÃselo asÃ.