Guerra y Paz
Guerra y Paz Por el camino hacia Moscú, aunque la situación de la princesa no era para mostrar alegría, Duniasha, que la acompañaba en el coche, notó que varias veces se asomaba a la ventanilla y sonreía alegre y tristemente por algo.
“¿Y qué si yo me hubiera enamorado de él?”, pensaba la princesa María.
Por mucha vergüenza que le costara reconocer que había sido la primera en querer a un hombre que, tal vez, nunca se enamoraría de ella, se consoló pensando que nadie lo sabría jamás y que no sería culpable si, ocultándolo a todos, amara a alguien hasta el fin de su vida por primera y única vez.
Recordaba a veces sus miradas, su interés, sus palabras, y toda esa dicha no le parecía tan imposible. Era entonces cuando Duniasha la veía asomarse sonriente a la ventanilla. “Y pensar que tenía que venir a Boguchárovo en aquel preciso momento, y que su hermana hubiera roto con el príncipe Andréi”, se decía la princesa viendo en todo aquello voluntad de la providencia.