Guerra y Paz
Guerra y Paz Todas las casas de Mozhaisk estaban ocupadas por las tropas, y en la posada, donde encontró a su caballerizo y al cochero, no quedaba sitio: todo estaba lleno de oficiales.
En Mozhaisk y más allá no se veÃan más que soldados por todas partes, a pie o montados: cosacos, infanterÃa, carros, armones y piezas artilleras. Pierre tenÃa prisa en avanzar, y cuanto más se alejaba de Moscú y más se sumergÃa en aquel mar de tropas, más crecÃa su inquietud, su impaciencia y una sensación nueva, jubilosa, no experimentada antes. Era un sentimiento parecido al que habÃa experimentado en el palacio de Slobodski el dÃa de la llegada del Emperador: el sentimiento de que era preciso emprender algo y sacrificar algo. Le resultaba agradable ahora comprender que todo cuanto hace la felicidad humana, las comodidades de la vida, las riquezas y la vida misma no era nada en comparación con… ese algo. Pierre no podÃa darse cabal cuenta. No trataba de buscar explicación por quién y para qué se sentÃa tan inclinado a sacrificarlo todo. No lo preocupaba el móvil del sacrificio, sino el sacrificio en sà era el que despertaba aquel sentimiento jubiloso y nuevo.