Guerra y Paz

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Cuando mi adversario tiene dieciséis fichas y yo catorce, sólo soy más débil que él en la proporción de un octavo; pero cuando hayamos cambiado ambos otras trece piezas, él será tres veces más fuerte que yo.

Antes de la batalla de Borodinó, las fuerzas rusas estaban, aproximadamente, en la proporción de cinco a seis con respecto a las del enemigo; después de la batalla quedaron en la proporción de uno a dos: es decir, antes de la batalla eran cien mil contra ciento veinte mil; después, cincuenta contra cien. Y, sin embargo, el inteligente y experto Kutúzov aceptó la batalla y el genial adalid —así llaman a Napoleón— la libró, perdiendo la cuarta parte de su ejército y alargando aún más su línea de comunicaciones. Si dijeran que ocupando Moscú, como ocurrió con Viena, Napoleón pensaba poner fin a la campaña, las pruebas que se pueden oponer son muchas. Cuentan los historiadores que Napoleón, ya en Smolensk, quiso detenerse, que comprendía el peligro de alargar sus comunicaciones y sabía que la ocupación de Moscú no significaba el término de la campaña, porque después de lo de Smolensk veía en qué estado le dejaban las ciudades rusas y tampoco recibía respuesta alguna a sus repetidas manifestaciones de que deseaba iniciar conversaciones.



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