Guerra y Paz

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Los rusos, lejos de fortificar las posiciones del campo de Borodinó, a la izquierda y en ángulo recto del camino (es decir, donde tuvo lugar la batalla), no pensaron siquiera, hasta el 25 de agosto de 1812, que el encuentro pudiera ocurrir en aquel lugar. Una prueba de ello, en primer lugar, es que al día 25 no había obras de defensa en aquel punto y las que se iniciaron el 25 no estaban terminadas el 26; otra prueba es la situación del reducto de Shevardinó, situado delante del lugar donde se libró la batalla, elección carente de todo sentido. ¿Por qué fue mejor fortificado ese reducto que cualquier otro lugar? ¿Por qué lo defendieron el día 24 hasta muy avanzada la noche, realizando los máximos esfuerzos y perdiendo seis mil hombres? Para observar al enemigo era más que suficiente una patrulla de cosacos. La tercera prueba de que no se había previsto la posición donde tuvo lugar la batalla y de que el reducto de Shevardinó no era su punto avanzado es que Barclay de Tolly y Bagration estaban convencidos, hasta el día 25, de que ese reducto constituía el flanco izquierdo de la posición y que el propio Kutúzov, en su informe escrito bajo la impresión de la batalla, calificó el reducto de Shevardinó como flanco izquierdo de la posición. Sólo mucho más tarde, cuando, ya con tiempo, se escribieron circunstanciados partes de la batalla, se inventó (seguramente para justificar los errores del general en jefe, que siempre debe ser infalible) la extraña y errónea afirmación de que el reducto servía de puesto avanzado (cuando era un punto fortificado del flanco izquierdo) y que la batalla de Borodinó había sido aceptada por los rusos en una posición fortificada y escogida de antemano, cuando en realidad ocurrió en un lugar imprevisto y apenas fortificado.


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