Guerra y Paz
Guerra y Paz El 25 por la mañana Pierre salió de Mozhaisk. En la abrupta y empinada cuesta que llevaba fuera de la ciudad, y ante la catedral, situada a la derecha de la cumbre, cuyas campanas anunciaban los oficios religiosos, Pierre descendió del coche y siguió a pie. Detrás bajaba un regimiento de caballería precedido de sus cantores. A su encuentro subía un convoy de carros con los heridos de la acción del día anterior. Los conductores, todos mujiks, gritaban y fustigaban a los caballos, pasando de un lado a otro. Los carros, cada uno con tres o cuatro heridos, unos echados y otros sentados, saltaban sobre las piedras que hacían de aceras en la acentuada pendiente. Los heridos, envueltos en trapos, pálidos, con los labios apretados y el ceño fruncido, se sujetaban al borde de los carros, saltaban y chocaban en los carros unos contra otros. Casi todos se quedaban mirando con curiosidad infantil e ingenua el sombrero blanco y el verde frac de Pierre.
