Guerra y Paz
Guerra y Paz Aquel claro atardecer del 25 de agosto el príncipe Andréi yacía, apoyado en un codo, en un cobertizo derruido de la aldea de Kniazkovo, en un extremo de la posición ocupada por su regimiento. Por un hueco de la pared destrozada contemplaba la hilera de añosos abedules, con las ramas inferiores taladas, los campos con haces de avena esparcidos, los arbustos y, por encima de ellos, el humo de las hogueras de las cocinas de campaña.
Aunque su vida le pareciera ahora mezquina, inútil y penosa, se sentía tan conmovido y nervioso como siete años antes, en vísperas de la batalla de Austerlitz.
