Guerra y Paz
Guerra y Paz Los oficiales querÃan retirarse, pero el prÃncipe Andréi, como si no deseara quedarse a solas con su amigo, los invitó a tomar el té en su compañÃa. Trajeron unos bancos y té. Los oficiales contemplaban, no sin sorpresa, la corpulencia de Pierre y escucharon sus relatos de Moscú y de la situación de la tropa, cuya lÃnea él habÃa visto. El prÃncipe Andréi guardaba silencio y su rostro era tan poco acogedor que Pierre acabó por dirigirse preferentemente al bonachón de Timojin.
—Entonces, ¿has comprendido toda la disposición de nuestras tropas?— lo interrumpió el prÃncipe Andréi.
—Como no soy militar, no puedo decir que lo haya comprendido todo absolutamente; sin embargo, al menos, tengo una idea de la situación general.
—Eh bien!, vous êtes plus avancé que qui que ce soit[405]— comentó el prÃncipe Andréi.
—¡Ah!— exclamó Pierre, perplejo, sin dejar de mirar al prÃncipe Andréi por encima de sus lentes: —¿Y qué me dice del nombramiento de Kutúzov?
—Que me alegró mucho— contestó Bolkonski. —Es todo lo que sé…
—¿Y qué opina usted de Barclay de Tolly? Dios sabe lo que se dice de él en Moscú. ¿Qué piensa usted de él?
