Guerra y Paz

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—Courte et énergique![415]— comentó cuando él mismo hubo leído aquel documento, escrito de una vez, sin enmienda alguna. Decía así:

¡Soldados! He aquí la batalla que tanto deseabais. La victoria depende de vosotros y es imprescindible para nosotros, porque nos proporcionará todo cuanto necesitamos: cómodos alojamientos y un rápido regreso a la patria. Actuad como lo hicisteis en Austerlitz, en Friedland, Vítebsk y Smolensk. ¡Que la posteridad recuerde con orgullo vuestros hechos en la gran batalla del Moskova, y diga de cada uno de vosotros: estuvo en la batalla por Moscú!

—Del Moskova— repitió Napoleón; e invitando a un paseo a M. de Beausset, a quien gustaba viajar, salió de la tienda hacia donde estaban ensillados los caballos.

—Votre Majesté a trop de bonté[416]— dijo De Beausset ante la invitación de acompañar al Emperador.

No sabía montar a caballo y le daba miedo hacerlo; además, habría preferido dormir. Pero Napoleón movió la cabeza y De Beausset hubo de seguirlo.

Cuando el Emperador salió de su tienda redoblaron los gritos de la Guardia, que se había reunido ante el retrato de su hijo. Napoleón frunció el entrecejo.

—Quítenlo de ahí— dijo con gesto majestuoso y lleno de gracia, señalando el retrato. —Es todavía demasiado joven para ver un campo de batalla.


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