Guerra y Paz
Guerra y Paz Al volver, preocupado, de un segundo reconocimiento de las líneas, Napoleón dijo:
—Las piezas del ajedrez están situadas en el tablero, el juego empezará mañana.
Ordenó que le sirvieran un ponche y llamó a De Beausset. Habló con él sobre París y algunos cambios que pensaba realizar en la maison de l'lmpératrice,[420] asombrando a su interlocutor por su excelente memoria sobre todos los pequeños detalles de la Corte.
Se interesaba por bagatelas; bromeó acerca de la afición a los viajes de De Beausset y charló negligente como hace un célebre cirujano seguro de sí mismo mientras se arremanga y pone la bata y atan al enfermo en la mesa de operaciones. “Todo está en mis manos y lo tengo claro y definido en mi cabeza. Cuando llegue el momento de actuar, lo haré como ningún otro; ahora puedo bromear, y cuanto más bromee y más tranquilo esté, más seguros, tranquilos y admirados de mi genio debéis estar vosotros.
Cuando terminó su segundo vaso de ponche, Napoleón se retiró a descansar, a la espera del grave asunto que, según le parecía, lo esperaba al día siguiente.
