Guerra y Paz
Guerra y Paz Los franceses que se habían apoderado de la batería huyeron. Los rusos, entre clamorosos “¡hurras!”, rechazaron al enemigo tan lejos de la batería que fue difícil contenerlos.
Retiraron de la batería a los prisioneros, entre los cuales había un general francés herido al que rodearon los oficiales. Una muchedumbre de soldados heridos (unos conocidos de Pierre y otros no), rusos y franceses, con las caras desencajadas por el dolor, andaban, se arrastraban o eran llevados en camillas fuera de la batería. Pierre subió al túmulo, donde estuvo más de una hora sin poder encontrar a ninguno de los miembros de aquella familia que poco antes lo había adoptado. Eran muchos los muertos desconocidos, pero pudo identificar a unos cuantos; el joven oficial seguía sentado y encogido como antes, al borde del parapeto, en medio de un charco de sangre. El soldado de la cara colorada se movía aún, pero no lo retiraban.
Pierre corrió hacia abajo.
“Ahora cesará todo; se horrorizarán de lo que han hecho”, pensaba mientras seguía, sin objeto determinado, tras las filas de camillas que se alejaban del campo de batalla.