Guerra y Paz
Guerra y Paz Aunque no diera órdenes, se hacÃa lo que él deseaba; las daba porque pensaba que los demás esperaban que las diera. Y de nuevo se trasladó a su mundo anterior, artificial, poblado de imágenes de quimérica grandeza; y de nuevo (como el caballo que hace dar vueltas a la noria e imagina que hace algo para sà mismo) se prestó dócilmente a representar el papel triste, cruel, penoso e inhumano a que estaba destinado.
La inteligencia y la conciencia de aquel hombre se vieron entenebrecidas —no sólo en aquella hora y dÃa— mucho más que las de todos los demás actores del drama; pero jamás, hasta el fin de su vida, pudo comprender ni el bien, ni la belleza, ni la verdad, ni el significado de sus actos, demasiado contrarios al bien y a la verdad, demasiado apartados de todo sentimiento humano para poder entender su sentido. No podÃa renegar de sus actos, ensalzados por medio mundo, y por eso debÃa renunciar a la verdad, al bien y a todo lo humano.