Guerra y Paz
Guerra y Paz El Serenísimo, para unirse lo antes posible a las tropas que van a su encuentro, ha pasado Mozhaisk, ocupando una fuerte posición que el enemigo no podrá conquistar tan fácilmente. De aquí se le han enviado cuarenta y ocho cañones con munición, y el Serenísimo anuncia que defenderá Moscú hasta la última gota de sangre y que está dispuesto, si es necesario, a luchar en las calles. No importa, hermanos, que las oficinas públicas hayan cerrado sus puertas; había que ponerlas a salvo; nosotros mismos con nuestros propios medios, acabaremos con los malhechores. Cuando sea preciso necesitaré valientes de la ciudad y del campo. Los llamaré dos días antes. Ahora callo, porque no hace falta. Vendrá bien el hacha, un venablo y, lo mejor de todo, la horquilla de tres dientes. Un francés no pesa más que una gavilla de trigo. Mañana, después de la comida, acompañaré a Nuestra Señora de Iverisk al Hospital de Catalina para visitar a los heridos. Bendeciremos el agua y así curarán antes. También yo he curado: tenía un ojo malo y ahora tengo ojo avizor.
—Pues algunos militares me han dicho que es imposible luchar aquí y que las posiciones…— comenzó Pierre.
—De eso precisamente hablábamos— lo interrumpió el primer funcionario.
—¿Qué quiere decir eso de “tenía un ojo malo y ahora tengo ojo avizor”?— preguntó Pierre.