Guerra y Paz
Guerra y Paz —Entren, por favor. Los señores se van; toda la casa queda vacÃa— dijo al viejo sentado en el pescante.
—No confiamos siquiera en traerlo con vida— respondió el ayuda de cámara suspirando. —También nosotros tenemos casa en Moscú, pero está lejos y no hay nadie.
—Entren aquÃ, por favor. En casa de mis señores. Hay todo lo necesario— dijo ella. —Acaso, ¿está tan mal?— agregó.
—No creemos que llegue con vida— respondió con desaliento el ayuda de cámara. —Hay que preguntarle al doctor.
Bajó del pescante y se acercó al carro.
—Está bien— dijo el médico.
El ayuda de cámara volvió al coche, echó una mirada dentro, movió la cabeza y ordenó al cochero que entrara en el patio; él se detuvo junto a Mavra KuzmÃnishna.
—¡Señor mÃo Jesucristo!— dijo la mujer.
Mavra KuzmÃnishna le propuso que llevaran al herido a la casa.
—Los amos no dirán nada…
Pero habÃa que evitar las escaleras y por ello lo llevaron al pabellón y lo instalaron en la antigua habitación de madame Schoss.
Aquel herido era el prÃncipe Andréi Bolkonski.