Guerra y Paz
Guerra y Paz A las dos de la tarde los cuatro coches de los Rostov, enganchados y dispuestos para la marcha, esperaban su salida. Los carros con los heridos, uno detrás de otro, habÃan comenzado a salir del patio. El coche en que iba el prÃncipe Andréi atrajo la atención de Sonia, que, con una doncella, preparaba el asiento para la condesa en la enorme y alta carroza que esperaba frente a la puerta.
—¿De quién es este coche?— preguntó Sonia, asomándose por la ventanilla.
—¿No lo sabe, señorita?— dijo la doncella. —Es el prÃncipe herido… Ha pasado la noche en nuestra casa. También viene con nosotros.
—Pero ¿quién es? ¿Cómo se llama?
—Es el antiguo prometido de la señorita, el prÃncipe Bolkonski— respondió la doncella suspirando. —Dicen que está a punto de morir.
Sonia saltó de la carroza y corrió hacia la condesa, quien, vestida ya para el viaje, con sombrero y chal, se paseaba con aire cansado y esperaba en la sala a los suyos para sentarse, con las puertas cerradas, y rezar antes de la partida. Natasha no estaba en la habitación.
—¡Maman— dijo Sonia, —el prÃncipe Andréi está aquà mortalmente herido! Viene con nosotros.
La condesa, asustada, abrió los ojos; agarró a Sonia por el brazo y se volvió para mirar.