Guerra y Paz

Guerra y Paz

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—¿Algo muy malo para mí?… ¿Qué es?— insistió la sensible Natasha.

Sonia suspiró, sin contestar. El conde, Petia, Mme Schoss, Mavra Kuzmínishna y Vasílich entraron en la sala. Cerraron las puertas, se sentaron y permanecieron unos segundos en silencio, sin mirarse unos a otros.

El conde fue el primero en levantarse; después, con un profundo suspiro, se santiguó vuelto hacia el icono. Todos lo imitaron. El conde abrazó a Mavra Kuzmínishna y a Vasílich, que se quedaban en Moscú, y mientras ellos procuraban apresar su mano y lo besaban en el hombro, les golpeó levemente la espalda y balbuceó algunas palabras confusas, consoladoras y cariñosas.

La condesa se dirigió al oratorio; Sonia la encontró arrodillada delante de algunas imágenes que quedaban en la pared. (Los iconos más valiosos habían sido embalados, como recuerdos de familia, y los llevaban consigo.)

En el zaguán y en el patio, los criados que se iban (a quienes Petia había armado de puñales y sables), con los pantalones metidos en las cañas de las botas altas y bien ceñidos los cinturones, se despedían de los que se quedaban.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker