Guerra y Paz
Guerra y Paz Cuando le preguntaron qué habÃa que hacer con los presos encadenados, el conde respondió airado al director de la cárcel:
—¿Qué quiere usted? ¿Que le dé dos batallones de escolta, que no tengo? ¡Póngalos en libertad, y se acabó!
—Excelencia, hay delincuentes polÃticos: Meshkov, Vereschaguin…
—¿Vereschaguin? ¿TodavÃa no lo han ahorcado?— gritó Rastopchin. —¡Tráigamelo!