Guerra y Paz
Guerra y Paz Pierre, que había decidido ocultar su título y su conocimiento del francés hasta la realización de sus propósitos, se quedó en la puerta semiabierta del despacho, dispuesto a esconderse en cuanto entraran los franceses. Pero los franceses entraron y Pierre no se separó de la puerta, donde lo retenía una curiosidad invencible.
Eran dos. Un oficial, hombre alto, de marcial aspecto y bien parecido, y otro que sería soldado o asistente, pequeño, delgado y moreno, de mejillas hundidas y aspecto estúpido. El oficial, que cojeaba, iba delante apoyado en un bastón. Dio unos pasos y, como diciéndose que aquel alojamiento le parecía bien, se detuvo, se volvió a los soldados que estaban aún junto a la puerta y en voz alta y autoritaria ordenó que hicieran entrar los caballos. Hecho esto, se atusó los bigotes y se llevó la mano al gorro.
—Bonjour, la compagnie!— dijo alegremente, mirando en derredor.
Nadie le contestó.
—Vous êtes le bourgeois?[487]— preguntó el oficial a Guerasim, quien, asustado, lo miró con gesto interrogativo.