Guerra y Paz
Guerra y Paz El incendio, que con tanta indiferencia viera la víspera, se había extendido considerablemente. Moscú ardía ya en diversos puntos: ardían a un mismo tiempo la calle Kariétnaia, Zamoskvorechie, Gostini Dvor, Povárskaia, las barcazas del Moskova y el mercado de leña del puente Dorogomílov.
Pierre se dirigió por varias callejas a Povárskaia y desde allí a la calle de Arbat, cerca de la iglesia de San Nicolás, donde, de acuerdo con sus ideas, debía llevar a cabo su plan. Los portales y ventanas de la mayoría de las casas estaban cerrados. Las calles aparecían desiertas. El aire estaba impregnado de olor a humo y a quemado. De vez en cuando se cruzaba con rusos, de rostros atemorizados e inquietos. También pasaban franceses con su aspecto de gente hecha a la vida de campaña, que iban por el centro de la calzada. Unos y otros miraban a Pierre con asombro. Además de su altura y corpulencia, además de su extraño aspecto sombrío y abstraído y la expresión dolorida de su rostro, llamaba la atención de los rusos porque no comprendían a qué categoría social podía pertenecer. Los franceses se fijaban en él porque Pierre, al revés que los demás rusos (que miraban a los invasores con curiosidad y miedo), no les dedicaba atención alguna. Junto a un portal, tres franceses, que trataban de hacer comprender algo a unos rusos, detuvieron a Pierre para preguntarle si sabía francés.