Guerra y Paz

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—Dépêchez-vous, vous autres, il commence à faire chaud[533]— gritó a sus camaradas. Llegados al camino enarenado, el francés cogió a Pierre del brazo y le indicó un banco, debajo del cual vio a una niña de tres años con un vestido color de rosa.

—Voilà votre moutard. Ah! une petite, tant mieux. Au revoir, mon gars. Faut être humain. Nous sommes tous mortels, voyez-vous[534]— y el francés de la mancha en la mejilla volvió corriendo adonde estaban sus compañeros.

Pierre, rebosante de alegría, se acercó corriendo a la niña y quiso cogerla en brazos. Pero la pequeña, al ver a un desconocido, dio un grito y salió corriendo. Era una niña escrofulosa, feúcha, parecida a su madre. Pierre consiguió alcanzarla y sujetarla. Ella chilló desesperadamente y trató de rechazar con sus manitas el brazo de Pierre; le dio un mordisco y Pierre se sintió invadido por un sentimiento de horror y asco, como si hubiera tocado un animalito repugnante, pero hizo un esfuerzo sobre sí mismo para no abandonar a la pequeña y corrió con ella hacia la casa grande. Ya no se podía volver por el mismo camino; Aniska, la criada, ya no estaba, y Pierre, con una mezcla de repulsión y lástima, abrazaba con la mayor suavidad posible a la niña mojada, que sollozaba lastimeramente mientras él corría por el jardín en busca de otra salida.


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