Guerra y Paz
Guerra y Paz A la hora fijada, el príncipe, empolvado y afeitado, entró en el comedor, donde lo esperaban su nuera, la princesa María, mademoiselle Bourienne y el arquitecto del príncipe, que, por un extraño capricho suyo, era admitido a la mesa, aunque por su posición social aquel hombre insignificante no podía pretender semejante honor. El príncipe, quien siempre tuvo gran cuidado en distinguir las condiciones sociales y rara vez admitía a su mesa siquiera a distinguidos funcionarios de la provincia, con el arquitecto Mijaíl Ivánovich, que se sonaba tímidamente con su pañuelo a cuadros en un rincón, quería demostrar que todos los hombres son iguales, y con frecuencia decía a su hija que Mijaíl Ivánovich no era en nada inferior a ellos mismos. Y en la mesa el príncipe se volvía con mayor frecuencia hacia el silencioso Mijaíl Ivánovich que hacia los demás.
